Por: 7ma Medios
Las olas de calor se vuelven cada vez más frecuentes y prolongadas, y con ellas crecen los riesgos para la salud. Frente a este escenario, las autoridades sanitarias insisten en reforzar los cuidados cotidianos para prevenir golpes de calor, deshidratación y otras complicaciones, sobre todo en los grupos más vulnerables.
Uno de los puntos centrales es la hidratación. Tomar agua de manera constante, incluso sin sentir sed, es una medida básica pero decisiva. También se recomienda priorizar alimentos frescos, como frutas y verduras, y evitar bebidas alcohólicas, muy azucaradas o infusiones calientes, que pueden agravar la deshidratación.
“La hidratación permanente es la principal herramienta para reducir los efectos del calor extremo”, advirtieron desde áreas de Salud, al remarcar que no hay que esperar a sentir malestar para tomar líquidos.
El cuidado también incluye hábitos vinculados a la vestimenta y la exposición al sol. Usar ropa suelta, liviana y de colores claros, proteger la cabeza con gorra o sombrero y limitar las actividades físicas al aire libre en los horarios de mayor radiación solar son medidas preventivas esenciales. En caso de realizar ejercicio, es clave beber líquidos antes, durante y después.
Niños y personas adultas mayores requieren cuidados reforzados durante las jornadas de calor intenso. En el caso de las infancias, se aconseja ofrecer agua o jugos naturales con frecuencia, sin esperar a que lo pidan, y aumentar la cantidad de tomas en bebés y lactantes. Además, se recomienda evitar la exposición directa al sol, especialmente entre las 12 y las 16 horas.
“Los niños y las personas mayores son más propensos a sufrir golpes de calor, por eso el acompañamiento y la supervisión constante son fundamentales”, señalaron especialistas en prevención.
Para las personas adultas mayores, es importante garantizar ambientes frescos y ventilados, controlar la hidratación y prestar atención a cualquier signo de malestar, como mareos, fatiga o confusión.
Las olas de calor no son un fenómeno aislado y obligan a incorporar prácticas de cuidado sostenidas en el tiempo. La prevención individual y el cuidado colectivo se vuelven herramientas centrales para reducir riesgos y proteger la salud en contextos de temperaturas extremas.