Por: 7ma Medios
La vida de Noelia Castillo no puede leerse en una sola clave. Su historia, marcada por contrastes profundos, fue contada por ella misma en una entrevista televisiva en la que repasó desde los recuerdos luminosos de la infancia hasta el sufrimiento que definió sus últimos años.
Murió a los 25 años, luego de recibir la eutanasia tras una batalla judicial que se extendió durante más de dos años. Pero antes de ese desenlace, dejó un relato crudo y ordenado de su propia vida.
“Era una época muy feliz de mi vida”, recordó Noelia Castillo sobre su infancia.
En su memoria, hay un lugar que aparece como un punto de equilibrio: la casa de su abuela. Allí pasaba los veranos junto a su hermana, en una rutina simple que hoy describía como un refugio emocional.
Las ferias, las pulseras hechas a mano, las cenas en la terraza. Escenas cotidianas que contrastan con lo que vendría después. “Nos poníamos a vender cositas hechas por nosotras”, contó en esa entrevista, donde también revisó fotos familiares junto a su madre.
Ese ejercicio no fue casual. En sus últimos días, eligió cuatro imágenes de esa etapa para tener cerca al momento de su muerte. Una selección mínima, pero significativa: infancia, familia y pequeños momentos de felicidad.
El punto de inflexión llegó en la adolescencia. La pérdida de la vivienda familiar por problemas económicos forzó un cambio abrupto.
“Se lo embargaron y nos tuvimos que ir a casa de mi padre”, explicó Noelia Castillo.
A partir de ahí, describió un entorno inestable, atravesado por conflictos familiares. La separación de sus padres y la dinámica de visitas marcaron una etapa difícil.
“Íbamos fines de semana alternos y no iban bien las cosas cuando íbamos allí”, recordó.
En ese período, situó escenas que la afectaron profundamente: largas noches esperando en bares mientras su padre consumía alcohol, tensiones constantes y una sensación creciente de desprotección.
Desde los 13 años, comenzó tratamiento psiquiátrico. Con el tiempo, llegaron diagnósticos como trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno límite de la personalidad.
Pero su relato no se detuvo en lo clínico. También incluyó episodios traumáticos, entre ellos agresiones sexuales que —según contó— marcaron su historia personal.
“Luego han sido todo baches, oscuridad, vacío”, sintetizó Noelia Castillo sobre su adolescencia y juventud.
Ese deterioro emocional derivó en varios intentos de suicidio. El más grave ocurrió en 2022, cuando se arrojó desde un quinto piso. Sobrevivió, pero quedó parapléjica.
Lejos de representar un punto de recuperación, ese episodio profundizó su sufrimiento. A las secuelas físicas se sumaron dolores crónicos y una dependencia total.
Los informes médicos fueron contundentes: padecía “secuelas permanentes e irreversibles” y un sufrimiento constante. En ese contexto, inició el proceso para acceder a la eutanasia.
“Quiero irme ya y dejar de sufrir y punto”, expresó Noelia Castillo sobre su decisión.
El procedimiento, inicialmente previsto para 2024, fue frenado por una orden judicial a pedido de su padre. La disputa llegó incluso a instancias internacionales, pero no logró revertir la decisión.
Finalmente, la eutanasia se concretó el 26 de marzo. Noelia murió en una residencia sociosanitaria, el lugar que definía como su “zona de confort”.
Eligió cómo transitar ese momento. Había dicho que quería vestirse con su mejor ropa y maquillarse de forma sencilla.
“Siempre he pensado que quiero morirme guapa”, afirmó Noelia Castillo.
Su historia, contada en primera persona, deja una reconstrucción precisa: una infancia con destellos de felicidad, seguida por una cadena de sucesos que, según su propio testimonio, fueron erosionando su vínculo con la vida hasta llevarla a una decisión irreversible.