Por: 7ma Medios
Después de más de 50 años, la humanidad vuelve a mirar la Luna con astronautas a bordo. La misión Artemis 2, impulsada por la NASA, se prepara para concretar ese objetivo con una pieza central: el Space Launch System (SLS), el cohete más poderoso actualmente en funcionamiento.
Desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, la expectativa crece alrededor de un lanzamiento que busca marcar un antes y un después. No se trata solo de una misión tripulada, sino del inicio de un programa más ambicioso: establecer presencia permanente en la superficie lunar y proyectar futuras misiones a Marte.
El SLS impresiona desde lo físico. Con más de 98 metros de altura, supera a la Estatua de la Libertad y se ubica entre los cohetes más grandes jamás construidos, solo por debajo del Saturn V y del Starship, este último aún en etapa de pruebas.
Pero su verdadera dimensión está en la potencia. En el despegue, genera 39,1 meganewtons de empuje, superando incluso al legendario Saturno V. Esta capacidad le permite transportar hasta 27 toneladas hacia la órbita lunar, incluyendo la cápsula Orion y una tripulación de hasta cuatro astronautas.
“El SLS es una de las piezas de ingeniería más ambiciosas jamás construidas para la exploración espacial”, destacan especialistas del programa Artemis.
El sistema combina tecnología probada con desarrollos actuales. Su estructura incluye una etapa central de más de 64 metros, equipada con cuatro motores RS-25, alimentados por hidrógeno y oxígeno líquidos. Estos mismos motores fueron utilizados en el programa del transbordador espacial, lo que evidencia una apuesta por la reutilización de tecnología confiable.
El proceso es preciso: los propelentes se mezclan, se encienden y generan vapor a altísima presión que se expulsa a velocidades cercanas a los 16.000 km/h. Esa fuerza es la que permite vencer la gravedad terrestre.
A los costados, dos propulsores sólidos de 54 metros aportan el impulso inicial más crítico.
“Los propulsores laterales proporcionan aproximadamente el 75% del empuje en el despegue”, explican desde la NASA.
Estos aceleradores consumen cerca de seis toneladas de combustible por segundo y son fundamentales para que la nave supere los primeros 65 kilómetros de altura antes de separarse.
El programa ya tuvo su primer ensayo exitoso. En 2022, Artemis 1 realizó un vuelo no tripulado en el que la cápsula Orion orbitó la Luna y regresó a la Tierra, validando el sistema.
Ahora, Artemis 2 apunta a un objetivo más complejo: llevar astronautas en un viaje alrededor del satélite natural y traerlos de regreso. El lanzamiento está previsto para el 1 de abril y será el primer vuelo tripulado del programa.
Detrás del desarrollo hay una red de colaboración clave. Empresas como Boeing y Northrop Grumman participaron en la construcción de componentes fundamentales del cohete.
El SLS no es solo un vehículo. Es una síntesis entre el legado de la carrera espacial del siglo XX y las ambiciones del presente. Su diseño, su potencia y su capacidad de carga lo posicionan como el eje de una estrategia que va más allá de la Luna.
“Estas misiones son el primer paso para establecer infraestructuras permanentes y preparar el camino hacia Marte”, sostienen desde el programa Artemis.
La cuenta regresiva ya empezó. Y esta vez, el viaje no es solo de ida y vuelta: busca quedarse.