Por: 7ma Medios
Boca se quedó con el Superclásico en el Monumental y escribió una página de peso en el Torneo Apertura. Fue 1-0 ante River, con un gol de penal de Leandro Paredes en el cierre del primer tiempo, en un partido cerrado, tenso y con un desenlace cargado de polémica.
El único tanto llegó tras una revisión del VAR por mano de Lautaro Rivero. Paredes no falló desde los doce pasos y definió un duelo que tuvo más fricción que juego. En el complemento, el mediocampista encendió las alarmas al salir con una molestia física.
El desarrollo fue parejo, con River intentando asumir el protagonismo y Boca apostando a la espera. La lesión temprana de Sebastián Driussi obligó a modificar el plan del equipo de Eduardo Coudet, que perdió peso ofensivo y nunca logró imponer condiciones con claridad.
En el tramo final, el partido explotó. River reclamó un penal por un empujón de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta, pero el árbitro Darío Herrera decidió no sancionar.
“Evalué que el contacto es sin fuerza. Martínez Quarta siente el roce y se deja caer”, explicó Darío Herrera tras el encuentro.
La jugada desató la bronca del local, que se fue encima del árbitro en busca de una respuesta que nunca llegó.
“Blanco no intenta jugar la pelota. Va directo a chocarme. Lo vieron todos”, lanzó Lucas Martínez Quarta en zona mixta.
Del lado visitante, el análisis fue más pragmático. El entrenador Claudio Úbeda destacó la eficacia y consideró que el resultado pudo ser más amplio.
“Merecimos ganar y hasta podríamos haberlo liquidado antes”, afirmó Claudio Úbeda.
En River, en cambio, el golpe fue doble: derrota en casa y fin del invicto del ciclo Coudet.
“Fue un partido típico, muy disputado. Nos está costando”, reconoció Eduardo Coudet.
El cierre encontró a Boca celebrando en campo rival y luego en el vestuario, mientras River quedó envuelto en reclamos y autocrítica. Un Superclásico que dejó poco juego, pero mucho para discutir.