Por: 7ma Medios
La presión arterial alta afecta a millones de personas en el mundo y suele desarrollarse sin síntomas claros. Por esa razón se la considera una enfermedad silenciosa, con riesgo de derivar en eventos cardiovasculares severos, daño renal o deterioro cognitivo.
Los especialistas remarcan que el control periódico es fundamental para su detección temprana.
El consumo habitual de alimentos ultraprocesados aparece como uno de los principales factores de riesgo. Más del 70% del sodio ingerido proviene de productos industriales y comidas fuera del hogar.
“El exceso de sal eleva el volumen sanguíneo y aumenta la presión”, explicó el cardiólogo Amnon Beniaminovitz.
El especialista Lawrence Phillips señaló mayor prevalencia en personas con obesidad.
Las recomendaciones apuntan a dietas basadas en alimentos frescos, como la dieta DASH o la mediterránea.
La falta de actividad física contribuye al aumento de la presión arterial. El ejercicio aeróbico regular ayuda a mantener valores saludables.
“El ejercicio aeróbico regular es la mejor herramienta para la presión”, afirmó Beniaminovitz.
El consumo excesivo de alcohol también impacta de forma directa en la tensión arterial. Los especialistas sugieren moderación o reducción de la ingesta.
El estrés sostenido mantiene la presión elevada debido a la liberación constante de hormonas como cortisol y adrenalina.
La calidad del sueño influye en el sistema cardiovascular. La apnea obstructiva del sueño reduce el oxígeno durante la noche y obliga al organismo a elevar la presión.
El aislamiento social también representa un factor de riesgo. “Somos seres sociales y necesitamos interacción para funcionar de manera óptima”, sostuvo Beniaminovitz.
Determinadas patologías como trastornos tiroideos, enfermedad renal o síndrome de Cushing pueden elevar la presión si no reciben tratamiento.
La Mayo Clinic advierte además que algunos medicamentos, como anticonceptivos o antidepresivos, pueden aumentar los valores tensionales.
Los antecedentes familiares influyen, aunque los especialistas remarcan que los hábitos pueden modificar su evolución.
La presión arterial se considera elevada a partir de 130/80 mmHg. Por encima de ese valor aumenta el riesgo cardiovascular.
El seguimiento médico, junto con cambios en la alimentación, la actividad física y el manejo del estrés, resulta clave para prevenir complicaciones.