Por: 7ma Medios
El trabajo ya no apunta a encontrar sobrevivientes. Después de varios días de excavaciones ininterrumpidas entre toneladas de hormigón, la prioridad de los rescatistas argentinos en Venezuela es otra: recuperar los cuerpos de las víctimas atrapadas tras el derrumbe de un edificio de 14 pisos en la ciudad de La Guaira, una de las tragedias más dolorosas que dejó el doble terremoto que sacudió al país.
El colapso ocurrió en el complejo residencial OPP 25, donde además de departamentos funcionaban un mercado, una peluquería y un salón de eventos. En el momento del derrumbe se desarrollaba una fiesta infantil, circunstancia que convirtió el escenario en una verdadera catástrofe.
Hasta allí llegó un contingente de más de 60 voluntarios argentinos pertenecientes al Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA), organización humanitaria integrada por médicos, enfermeros, psicólogos y socorristas provenientes de distintos puntos del país.
Las jornadas se extienden entre diez y catorce horas diarias en un ambiente de extremo riesgo, marcado por estructuras inestables, polvo, temperaturas elevadas y la amenaza permanente de nuevos derrumbes.
"Había madres abrazadas a sus bebés", afirmó Esteban Chalá, presidente de CEPA, al describir algunas de las escenas más impactantes encontradas durante las tareas de rescate.
Con el paso del tiempo, las posibilidades de hallar personas con vida se redujeron casi por completo. Durante los primeros momentos posteriores al derrumbe fueron los propios vecinos quienes lograron sacar sobrevivientes, pero actualmente el operativo se concentra en recuperar a quienes permanecen atrapados bajo los escombros.
Según explicó Chalá, los rescatistas ya recuperaron cerca de 70 cuerpos y estiman que muchas víctimas permanecen en los niveles inferiores del edificio.
"No hay chances de que los demás estén vivos", sostuvo el titular de la organización al referirse al estado del inmueble y a la ubicación donde se presume que quedaron atrapadas varias familias.
Para los integrantes de CEPA, la misión no concluye con la búsqueda. La recuperación e identificación de las víctimas representa un paso fundamental para quienes esperan noticias desde hace días.
"Esta etapa es tan importante como la primera porque las familias están con nosotros, conocemos sus historias y a la persona que buscamos. Significa que ellos puedan cerrar su duelo y su luto", afirmó Chalá.
La organización argentina acumula experiencia en escenarios de crisis internacionales, con intervenciones en Ucrania, Haití, Sudán del Sur y Libia. Sin embargo, sus integrantes reconocen que la situación en Venezuela presenta una carga emocional difícil de describir.
Uno de ellos es Christian Luccisano, coordinador de operaciones logísticas de CEPA, quien llegó a La Guaira para participar de su primera misión humanitaria internacional.
"La tarea de todos acá era recuperar personas con vida, pero desde que llegamos hasta hoy fue devolver cuerpos a los familiares", expresó.
El rescatista relató que el impacto psicológico resulta tan intenso como el esfuerzo físico. En medio de los restos del edificio aparecen objetos personales, juguetes y pertenencias que permiten reconstruir las historias de quienes vivían allí.
"Ayer me quebré por ver imágenes muy duras. Ves quién vivía en cada lugar, si había músicos, si había niños. Es estar en presencia de la muerte y la descomposición", confesó Luccisano.
El operativo también enfrenta dificultades durante la noche, cuando la oscuridad complica las tareas y obliga a extremar las medidas de seguridad para evitar nuevos accidentes.
Mientras tanto, decenas de familiares permanecen a pocos metros de los escombros con la esperanza de recibir una respuesta. Muchos vecinos colaboran con agua y alimentos para los equipos de rescate, que todavía no tienen una fecha definida para regresar a la Argentina.
"Nunca descartamos un milagro, pero las posibilidades son mínimas por las temperaturas y el nivel de aplastamiento", concluyó Luccisano.